Estos días he estado revisando artículos y textos sobre liderazgo. Un tema apasionante, sin duda, que está fuertemente relacionado con el fenómeno emprendedor. Los ingredientes del emprendimiento son la creatividad, la iniciativa y la acción. Un emprendedor genera ideas, que pone en marcha con iniciativa personal, y crea una secuencia de acciones para convertirlas en oportunidades de negocio. Pero posiblemente no todo emprendedor tenga capacidad de liderazgo. Un líder es algo más que un emprendedor: un líder tiene vocación de transformación, capacidad de provocar el cambio, visión de futuro (en muchos casos, idealista o utópica), y energía emocional para movilizar equipos e influir en personas. Un lider posee tres habilidades clave (las tres «Cs»: conceptualizar, comunicar y convencer). En el camino de transformación, es capaz de contribuir al desarrollo personal y profesional de sus equipos. Un líder inspira y genera confianza. La innovación y el liderazgo, por otro lado, son dos caras de la misma moneda: no se puede innovar (cambiar) nada sin liderazgo, y no se puede liderar nada que no esté en movimiento. No se lidera la estabilidad. Se lidera la transformación. El liderazgo genera emprendedores en contextos internos y externos a las organizaciones. Todo líder es un emprendedor, pero no todo emprendedor es un líder. No es el emprendedor el que disfruta con la incertidumbre, como reza el mito. Es el líder que lleva dentro el que realmente lo hace. Cuando intentamos crear un modelo de referencia social sobre los emprendedores, realmente lo queremos hacer sobre el liderazgo. Necesitamos ciudadanos líderes, no sólo emprendedores.
John Burroughs, naturalista americano, nos dejó una famosa cita sobre emprendimiento, un auténtico clásico: leap, and the net will appear (“salta y aparecerá la red”). Efectivamente, muchos grandes emprendedores han triunfado porque se han atrevido a dar el paso, porque han saltado y aparentemente apareció una red. Se arriesgaron donde otros quedaron paralizados por el análisis. Sin embargo, normalmente, esa red no existía, ni aparecía de la nada: la construyeron ellos mismos mientras saltaban. El motor del éxito no radica en la idea que tenga el emprendedor: radica en la propia persona, en sus capacidades de transformación de la realidad. Es la iniciativa continua y la autoconfianza del emprendedor, su tenacidad, flexibilidad y visión, su ilusión y energía vital los que llevan al triunfo. Esos atributos tejen inconscientemente la red de seguridad, en cualquier salto al vacío. Y son atributos propios del liderazgo, no del emprendimiento. No es que los emprendedores de éxito hayan calculado mejor los riesgos o hayan planificado minuciosamente estrategias magistrales. Es que se han “tirado a la piscina” con el colchón de unas fuertes capacidades de liderazgo. Es que han tenido confianza en sí mismos, en que sabrán superar las situaciones en que se encuentren, cualesquiera que éstas sean; y han mostrado claras dotes de liderazgo. Un emprendedor se puede estrellar ante las adversidades. Un líder las utilizará en beneficio propio, se adaptará, y creará equipos capaces de superarlas. Un emprendedor emprende. Un líder transforma la realidad.
Y es que tras un emprendedor de éxito, normalmente se esconde un auténtico líder. Un líder que pivota sobre su propia fuerza motriz, con capacidad de improvisación y de toma de decisiones rápidas en situaciones de ambigüedad. Un líder que comunica de forma nítida, que es capaz de motivar y movilizar a un equipo, de obtener feedback del mismo, de aprender de cada situación, y de reconocer y rectificar sus errores. Y es esa amalgama de capacidades internas (tenacidad, resistencia, autocontrol, iniciativa, improvisación, autenticidad, absortividad, asertividad…) la que le permite adaptarse dinámicamente y evolucionar hacia situaciones de éxito. Esas capacidades crean la red que asegura el éxito ante cualquier iniciativa.
Un líder emprenderá iniciativas de cambio, sistemática e inevitablemente, en el interior de una organización (desafiando el status-quo, deseando transformar productos y procesos, provocado el cambio cultural, proponiendo nuevos modelos de negocio), o externamente (desde su propia empresa). Cuando mitificamos la figura del emprendedor la estamos confundiendo con la del líder. Un emprendedor que desee triunfar debe tener capacidades de liderazgo. Por ello, una muy buena pregunta a los emprendedores noveles (además de las clásicas sobre estrategia y modelo de negocio), sería… ¿es usted un líder?
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