Despreocúpese también de pinchazos. En caso de avería, otro vehículo de la flota será movilizado inmediatamente para recogerle y continuar cómodamente su trayecto (ya se encargará el sistema de mantenimiento corporativo de rescatar y reparar el antiguo). Si llega tarde a su destino, recibirá una bonificación. Y, a final de mes, le llegará una factura a su domicilio de consumo de movilidad en función de los kilómetros recorridos.
El nuevo paradigma será mucho más eficiente medioambientalmente y en la gestión de recursos. No será necesario comprarun automóvil. Bastará con subscribirse a un serviciode movilidad. Eso significará que, progresivamente, dejaremos de ver vehículos propios en las calles, y cada vez más veremos automóviles corporativos autoconducidos. Hasta el punto que, en unos años, sólo circularán estos últimos. Flotas de robotáxis sin conductor serán los únicos coches que veremos en las carreteras. Cuando desee desplazarse, a través una app móvil comunicará su trayecto y, en unos minutos, el robotaxi disponible más cercano le vendrá a recoger. La dinámica del sector será de unas pocas grandes compañías con inmensas flotas, compitiendo en velocidad y calidad de servicio por el usuario. Pero la desaparición del vehículo como instrumento de propiedad individual tendrá otras repercusiones: muchos menos vehículos a nivel agregado, con la descongestión que eso significa. De hecho, el coche personal suele ser un activo de muy poco uso medio. Algunos especialistas ya anticipan caídas masivas de las ventas. Veremos flotas ultra-optimizadas informáticamente (en un nuevo ejemplo de la emergente sharing economy – economía colaborativa), y la liberación de inmensos espacios urbanos (¡se acabaron también los párkings!).
Iremos directos al nuevo modelo. El paso intermedio que nos imaginamos, el vehículo eléctrico propio, tiene una debilidad fundamental que se ha comentado muy poco: ¿podría una ciudad como Barcelona (o Tokio, o Nueva York) recargar por las noches, a la vez, un parque de millones de automóviles propios enchufados en los garajes? No habría energía suficiente, así que se requiere un cambio de modelo económico. El modelo Uber puede significar al automóvil lo que el PC a la máquina de escribir, la fotografía digital a Kodak, el iPhone a la telefonía móvil o Amazon a Noble & Barnes.
Como un rápido sprint olímpico de 100 metros, actualmente, nada menos que 19 grandes empresas avanzan a toda prisa para dominar el nuevo escenario. Nuestros nietos quizá se sorprendan y crean que era una insólita práctica neolítica el hecho de que sus abuelos compraran ruidosos automóviles de gasolina y los guardaran en extraños habitáculos adyacentes a su casa.

En el último Salón del Atomóvil de Barcelona tiene la posibilidad de asistir a un workshop técnico en que se invitó a responsables de R+D de fabricantes de vehículos como Volkswagen o Nissan y me sorprendió sobremanera el discurso negacionista sobre el nuevo escenario al que se enfrentan, donde las empresas tecnológicas están redefiniendo el sector frente al inmovilismo de las empresas tradicionales atrapadas en su zona de confort.
Sin duda en los próximos años vamos a asistir a un cambio de paradigma en el sector de la movilidad, al igual que lo hizo el sector de la fotografía y la caída de Kodak con el advenimiento de la fotografía digital.
Es curioso lo que comentas porque lo que conocía era precisamente movimientos de la industria automovilística hacia el coche autónomo con alianzas o desarrollos propios. Sin ir más lejos, el anuncio de Ford de hace unas semanas.
Reflexión: en las pistas de despegue de los aviones no hay semáforos porque no hay peatones cruzando 😉