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Innovación 2019: Europa reverdece

Se acaban de publicar el nuevo Regional Innovation Scoreboard, y el European Innovation Scoreboard. Ambas publicaciones de la Unión Europea son los principales termómetros estadísticos de la innovación en los diferentes países europeos, y en sus regiones. Europa, en general, reverdece. 24 países incrementan su capacidad innovadora, y, en conjunto, la UE supera por primera vez a EEUU, aunque China mejora sus indicadores tres veces más rápido que Europa. Los líderes europeos son Suecia, Finlandia, Dinamarca y Holanda.

Como era de esperar, se profundiza la brecha entre un norte industrial, tecnológico e innovador, y un sur lánguido y aparentemente condenado a la precariedad. Recordemos que éste es un mapa del futuro: las zonas desérticas anticipan bajos salarios y dificultades inminentes en el mantenimiento del estado del bienestar. La brecha tecnológica pasa por la línea de los Alpes y los Pirineos. Italia y España se separan tecnológicamente de Europa. Mientras, Portugal reverdece y mira decididamente hacia Irlanda y Massachussets. Las buenas políticas parecen dar resultados inmediatos. Portugal da un salto significativo y coloca sus regiones del Norte en zona verde (innovation followers), segunda división europea (únicos territorios peninsulares que hoy son comparables al entorno centroeuropeo). La mejora en sus indicadores viene dada sobre todo por la construcción de un entorno proclive a la innovación empresarial (parámetro que ya es un 44% superior a la media europea), que ha revertido en un rapidísimo incremento de la capacidad innovadora de sus PYMEs (92% superior a Europa). ¿Será Portugal la nueva Finlandia? Se están haciendo cosas extraordinariamente positivas en Portugal. Para mí, es la prueba del nueve de que, mediante políticas de innovación sensatas, decididas y contundentes se obtienen resultados contrastables en el corto plazo. Aunque ya oigo voces que afirman ahora que “es lógico, Portugal tiene otra cultura, más Atlántica, y bla, bla, bla”. Los agoreros seguirán dictaminando que sólo algunos países afortunados, tocados por los hados, pueden despuntar competitivamente, y que las políticas tienen poco que ver con ello.

España sigue en zona desértica. No es extraño: el sector público dejó de ejecutar la mitad de su presupuesto en I+D en 2018. Es un auténtico escándalo. Poco presupuesto, gestionado en formatos inconsistentes y con elevada complejidad financiera y burocrática. Al escuálido esfuerzo presupuestario (7.000 M€ -una economía como la española debería contar con un esfuerzo público como mínimo dos veces superior para cumplir los objetivos europeos de inversión del 3% del PIB en I+D-) se suma una asignación “cosmética” por el fuerte contenido de créditos, que cualquier experto sabe que no son efectivos para verdaderos proyectos innovadores de alta complejidad y riesgo. Todas las Comunidades Autónomas (excepto Canarias) retroceden sensiblemente. De nuevo, los pseudoexpertos dirán que tanto da, que el rol máximo de la administración debería ser «no poner palos en las ruedas». Nada de destinar presupuestos a innovación y política industrial.

Es una mala noticia que Euskadi haya descendido al tercer nivel innovador (cae de la posición 110 a la 132 de las 238 regiones estudiadas). Me sabe muy mal por mis queridos amigos vascos. Sé cómo les ha entristecido ver marchitar la innovación de Euskadi, referente en políticas de innovación desde las duras reconversiones industriales de los 80. Conozco bien el ecosistema vasco, y siempre he admirado su capacidad práctica de crear cadenas de valor tecnológicas que desembocan en la industria, al servicio del bienestar y la prosperidad de su sociedad. Cuando tengo la oportunidad de ir a Donostia, me encanta vaciar la mente e inspirarme ante el Peine del Viento, la bellísima obra de Chillida, alegoría de hierro, piedra y océano que son bloques constituyentes del carácter vasco. De igual modo, la innovación en Euskadi se ha construido con ADN de industria, tecnología y competitividad. Remontarán. Este pequeño retroceso será un gran estímulo para proyectarse con más fuerza hacia el futuro.

Catalunya (que desciende desde la posición 114 a la 140) sigue anclada en un modelo académico-céntrico que gravita incansablemente sobre sí mismo. Un modelo que ha generado excelentes singularidades científicas y que ha visto, en paralelo y de forma independiente, cómo ha surgido una vibrante comunidad emprendedora (básicamente alrededor de negocios digitales, apalancados en una ciudad extremadamente atractiva como es Barcelona). Un modelo que nos hace caer en la autocomplacencia por sus destellos de prestigio investigador y de dinámica emprendedora. Pero que está cada vez más alejado de los estándares internacionales y, sobre todo, que no se mueve a la velocidad europea. Para pulsar si existe capacidad innovadora de verdad, basta pensar en la cantidad de jóvenes brillantes que deben buscar oportunidades en otros ecosistemas innovadores. Generamos talento y conocimiento a raudales pero lo tenemos que exportar. En los circuitos de decisión y en los medios de comunicación se sigue confundiendo política científica con política de innovación. Los debates públicos suelen centrarse insistentemente en cómo potenciar la ciencia (que, por un lado, ha visto emerger importantes centros de excelencia, aunque las universidades acumulan recortes de más de 9.000 M€ de financiación pública en una década). Las organizaciones empresariales, ajenas a este discurso, asisten sin inmutarse a este descenso de la capacidad innovadora de nuestra economía, que se repite año tras año. Todo empezará a cambiar en el momento en que exista un consenso en que el núcleo del sistema innovador es la empresa, en que el diseño de las políticas debe tener como objetivo finalista incrementar la capacidad innovadora empresarial, y que ello debe validarse en ránkings y en estadísticas internacionales. Sólo esto incrementará nuestra prosperidad. El resto, son objetivos incompletos que responden a finalidades parciales.

 

 

5 responses to “Innovación 2019: Europa reverdece

  1. Hola Xavier. Gracias por tu análisis, es muy interesante. Podrías comentar que está haciendo Portugal que le está funcionando o darnos un link donde podamos verlo? Gracias por tu estimulante blog.

  2. L’acabo de llegir. Molt interessant la reflexió q es fa sobre España; en aquest estat la classe política segueix al segle XIX, tremendament rància i desinteressada per la innovació i el dinamisme, fins i tot les noves fornades -Rivera, Casado, Teodoro García, Abascal…- que fan més por que les anteriors generacions. I respecte de Catalunya, molt bona també la visió que cal gravitar més sobre l’empresa que sobre l’àmbit acadèmic; han d’anar de la mà però el nucli és l’emprenedoria, i això és l’empresa.

  3. Estoy de acuerdo en la necesidad de impulsar, vertebrar e implementar el I+d+i desde todos lo ambitos, y muy especiamente des del empresarial. Me sorprende el caso de Portugal pq tenemos una oficina en Lisboa y no es esa la percepcion que tenemos, pero me congratulo. Lo que me preocupa es el Sentido del I+d+i, y su aspecto cualitativo. En mi opinion la innovacion que tiene sentido es la que transforms nuestro actual modelo lineal en uno circular, desde la industria manufacturera (fundamental) hacia todo el resto de industrias de servicios que deben aportar los empleos de calidad que la manufactura tiende “deplazar” por su robotizacion progresiva. Es un concepto de Calidad Integral y Transversal, colectivo, disruptivo y distributivo, que permita elevar los standares de toda la Sociedad, con independencia de los rankings. Evidentemente los lideres en esta transformacion – holandeses y escandinavos – van con ventaja.

  4. Seria interesante ahondar en los criterios e indicadores que se han utlizado para llegar a las conclusiones que se presentan en este estudio. Donde podria conseguir esta informacion?

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