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Reconstrucción

Más de dos meses de confinamiento. Ahora toca preparar el futuro, y aprender las lecciones de la Covid-19. Enfocamos la reconstrucción, y tenemos muchos deberes por hacer. Necesitaremos repensar nuestra estrategia de industrialización. Las cadenas de suministro han sufrido una disrupción sin precedentes. Hoy somos conscientes de la importancia de disponer sistemas productivos cercanos en textiles avanzados, biofarmacia, dispositivos médicos o impresión 3D. Pensábamos que, si el mercado decidía llevárselo todo a Asia, eso debía ser lo mejor. El mundo está interconectado, y las generaciones Erasmus no permitirán una involución. Pero la globalización ha cambiado sus pautas: las fábricas automatizadas son menos dependientes de la geografía. Las industrias de alto valor añadido son menos sensibles al coste del transporte. Productos innovadores y fabricación avanzada pueden concentrarse en las economías avanzadas, y exportarse globalmente desde ellas. En una economía de libre mercado, no se puede forzar a una empresa a quedarse en un país. Pero se puede incentivar su permanencia. Los países tienen mecanismos permitidos por las leyes de la competencia y fomentados en las naciones líderes: los incentivos a la I+D y la cooperación público-privada. En los próximos años vamos a asistir a un proceso de reconcentración de actividades de valor en clústeres de I+D. De la Supply Chain a los Super Clústers, un proceso que ya se está dando en Shenzhen, Seúl, Helsinki o Baden-Württemberg. Cadenas de valor replegadas en territorios innovadores, que atraen talento, crean empleo, y generan economías competitivas.

Necesitamos revalorizar la ciencia. Perdidos todos los referentes, sólo la ciencia mantenía su autoridad. La gran esperanza es hallar una vacuna, y jamás hemos tenido las armas actuales. En sólo quince días el genoma del nuevo virus fue decodificado y publicitado. Desde entonces, los mejores laboratorios de biotecnología y algoritmos de inteligencia artificial cooperan y compiten contra el tiempo para hallar la solución. En el conocimiento está nuestra supervivencia. No podemos salir de esta crisis como en 2008, en que los presupuestos de I+D se desvanecieron, y el número de empresas con I+D disminuyó un 40%. Sin inversiones inteligentes en I+D hoy no habrá sanidad, ni educación, ni estado del bienestar mañana.

Necesitamos perfeccionar el sistema económico. Ha colapsado ya tres veces en veinte años: burbuja dot.com en 2000, subprimes en 2008 y Covid en 2020. El rol de la administración será clave. El coronavirus no será vencido por mercados en busca de equilibrios perfectos. Ahora nos damos cuenta de la importancia del sector público, y de una administración ágil, digitalizada y profesionalizada. ¿Por qué no exigimos una administración que tramite con la facilidad de Amazon? ¿Por qué no con la capacidad de tratamiento de datos de Google? ¿Por qué no con el mejor talento directivo, la meritocracia más férrea y el liderazgo más profesionalizado? Es urgente diseñar estrategias democráticas de datos. Hoy Google y Apple colaboran en un gran proyecto de trazabilidad de cadenas de contagio de Covid vía bluetooth. Admirable. Pero, ¿cuándo las democracias van a desplegar estrategias de datos propias? Agregar datos es agregar poder. Hoy sólo agregan datos las grandes corporaciones tecnológicas y los estados totalitarios. ¿Qué sabe Google de nosotros, o de nuestros políticos, jueces o policías? Los datos de los europeos están en manos de compañías norteamericanas. Durante el último mes, con el mundo confinado, el valor financiero GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) ha crecido un 20%. En el último año, Microsoft, Apple y Amazon se han revalorizado un 40%.

Debemos repensar el estado del bienestar. Emerge de nuevo la idea de la Renta Básica Universal (RBU). Hay un consenso generalizado de que la rapidez de este instrumento hubiera aliviado gran parte del sufrimiento de estos días. Pero la RBU es un concepto renacentista, vinculado a un futuro de alta productividad tecnológica y bajo empleo. No es una idea asociada sólo a la izquierda: pensadores liberales creen que no hay libertad posible en una sociedad condenada a la pobreza. Líderes conservadores creen que la RBU sería la culminación del capitalismo, sosteniendo el consumo, previniendo del populismo y simplificando un anquilosado estado del bienestar. Una RBU estructural ahora es imposible, por su coste; pero será imprescindible a largo plazo. Debería ser una meta, para la cual primero hay que construir economías muy competitivas basadas en I+D.

Soy optimista en la salida de esta crisis. John Stuart Mill dijo en 1848 “Me sorprende cuán rápidamente los países se recuperan de la devastación. Un enemigo arrasa el país por el fuego y la espada. Sólo queda la ruina. Sin embargo, en pocos años, todo vuelve a ser como antes”. Creo que saldremos más rápido de lo que pensamos. La energía emprendedora, la necesidad de renacer, y la esperanza nos lanzarán a la reconstrucción. No soy tan optimista en cuanto a la capacidad de aprendizaje y a las lecciones que quedarán. Esto ha sido sólo un ensayo. Volverá a pasar. La misma Naturaleza es el peor terrorista biológico. El consuelo es que, a diferencia de otras crisis, ésta no es una crisis fundamental, de recursos naturales, de capital, de deuda o de trabajo. Ni siquiera es una crisis de tecnología o de conocimiento. No se han destruido activos físicos (edificios, carreteras, máquinas). Todo está intacto. Ha sido sólo una crisis de imprevisión e improvisación. No había adultos en la sala. El factor limitante ha sido la capacidad organizativa. En nuestra mano está que sepamos aprovechar las grandes lecciones, y la próxima vez nos coja preparados.

 

 

One response to “Reconstrucción

  1. Brillante artículo Xavier, comparto al milímetro contigo dos ideas básicas:

    –> Saldremos más rapido de lo que pensamos de esta crisis y pese a muchos obstáculos que no están ayudando

    –> Nada optimista en cuanto a las lecciones que aprenderemos para «el día después»

    Me dedico a la previsión y gestión de riesgos para empresas, salvo casos contados vivimos y gestionamos nuestras empresas como si nunca nada nos fuera a pasar a nosotros.

    Saludos cordiales.

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