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Un blog para los apasionados de la Innovación 6.0

Empresas emprendedoras

Es un mito pensar que una pequeña empresa no puede innovar. Como es un mito pensar que una gran empresa tiene mayores capacidades innovadoras. Las grandes empresas se comportan como dinosaurios. Suelen ser excesivamente lentas en la toma de decisiones, y tienen demasiado que arriesgar ante cambios radicales. Hace muy pocos años, trabajando en análisis estratégico con grandes empresas del automóvil, nos decían textualmente “aquí nada va a cambiar”, “somos un sector-fortaleza”, “es imposible que nuestra industria se vea amenazada por startups”. Efectivamente: las inversiones de capital, la experiencia acumulada y la necesidad de producción en serie con calidad estadística parecía imposibilitar cualquier amenaza de nuevo competidor. Hasta que cambió el paradigma tecnológico y, por las grietas del cambio de la base de competencias de la industria se colaron miles de startups, muchas de ellas de electrónica y computación, que hoy controlan parte de las tecnologías clave de la automoción del futuro. Los grandes no lo anticiparon, no supieron o no lo quisieron ver. Y tenían todos los recursos para liderar la transformación. Pocos sectores en la historia de la industria han padecido disrupciones tan explosivas como el automóvil hoy.

De igual modo, una pequeña empresa posee ventajas claras para innovar: la rapidez en la toma de decisiones, la flexibilidad estratégica o la capacidad adaptativa. Paradójicamente, creemos que una pequeña empresa (la clásica PYME) tiene grandes inconvenientes para innovar, por su tamaño y escasez de recursos. En cambio, identificamos a las startups como referentes de innovación, portadoras de tecnologías y modelos de negocio disruptivos. ¿Qué diferencia hay entre una PYME y una startup? Probablemente, el tiempo que la dirección destina a innovar y crecer; o a explotar el negocio del pasado. Estructuralmente, son iguales: pequeñas empresas. Las separa su grado de apertura al entorno y su ambición estratégica. Se diferencian en el liderazgo emprendedor de sus directivos, y en su propensión a abrirse a nuevos campos de negocio mediante nuevas metodologías, tecnologías y alianzas.

Hay empresas emprendedoras (grandes o pequeñas), y hay empresas no emprendedoras, como hay empresarios emprendedores y empresarios no emprendedores. No es lo mismo un empresario que un emprendedor. Me desespero ante empresarios y directivos que afirman que “su sector va a cambiar poco” en medio de una revolución tecnológica sin precedentes. O peor, los que afirman que “aunque todo va a cambiar, nosotros no podemos hacer nada”. Hay empresarios que se limitan a gestionar mecánicamente sus negocios tradicionales, en ocasiones muy complejos, pero negándose a alejarse un milímetro de las pautas del pasado. Mejorando hasta la extenuación sus procesos actuales. Exprimiendo hasta la última gota de petróleo de pozos agotados. Intentando vender, más rápido y más barato, productos obsoletos. Presionando costes a la baja, sin un gramo de iniciativa emprendedora. Impulsando teóricas estrategias que no pasan de la mera eficiencia operativa (ya lo dijo Michael Porter: ser operativamente buenos no es ninguna estrategia). El talento suele huir de las organizaciones fosilizadas, o de aquellas cuya única estrategia es reducir obsesivamente los costes, en lugar de incrementar obsesivamente sus fuentes de valor. El cementerio está lleno de empresas excelentes muertas de obsolescencia.

También hay emprendedores incapaces de gestionar un negocio consolidado. Un emprendedor no es un aprendiz de empresario. Hay emprendedores creativos, líderes carismáticos, que jamás van a tener un ápice de talento empresarial. El emprendedor está orientado a la iniciativa y a la acción, a olfatear anticipadamente y valorizar los cambios del entorno. A aprender y a arriesgarse (quizá porque no tiene nada que perder). A emprender y a empezar. El emprendedor disfruta creando, prototipando, y convenciendo a inversores, pero se aburre gestionando procesos consolidados. Incluso, puede ser torpe pivotando sus ideas hacia verdaderas fuentes de valor. Quizá por ello un joven Marc Zuckerberg tuvo que acudir a una veterana ejecutiva, Sheryl Sandberg, para dar forma al modelo de negocio de un juguete para adolescentes llamado Facebook, al cual Sandberg convirtió en formidable plataforma de márketing digital. Quizá por eso un joven con espíritu hacker, como Bill Gates se complementó con un intelectualmente más maduro Paul Allen para catapultar Microsoft. O, por lo mismo, dos genios de las matemáticas como Sergei Brin y Larry Page necesitaron un experimentado CEO, Eric Schmidt, para consolidar un balbuceante Google en sus fases iniciales. El emprendimiento está más relacionado con una actitud vital que con una actividad empresarial. No sólo hay emprendedores en el mercado. He conocido emprendedores en la administración, en la universidad, en ONGs o en hospitales. Éxitos científicos como el Sincrotrón Alba, el Supercomputador Mare Nostrum o el Instituto de Ciencias Fotónicas son resultado de la inquietud emprendedora de grandes líderes científicos que no se conformaron con una carrera de investigación lineal, y lucharon por conseguir sus sueños en forma de grandes proyectos tractores, conceptualizando visiones transformadoras sobre cómo hacer ciencia de excelencia, comunicándolas y convenciendo a quienes podían dotarlos de recursos. Y algunos de los procesos emprendedores más excepcionales que he visto se han dado en el colectivo médico. No en vano, un profesional de la medicina es a la vez I+D (tiene base científica), y márketing (está tratando con el paciente en primera persona), una combinación ideal para innovar.

Por eso, hay que inocular capacidad emprendedora en todo tipo de empresas, grandes y pequeñas. Uno de los grandes retos del management moderno es que todas las empresas desarrollen cultura start-up. Un emprendedor idea proyectos, en cualquier campo de la vida, y los ejecuta con pasión. Una empresa emprendedora idea sistemáticamente nuevas propuestas de valor, en cualquier campo de los negocios, y las convierte con éxito en la garantía de su futuro.

(Foto: Christina, Wocintechchat.com, Unsplash)

 

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