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La trampa de Tucídides

 

“Fue la emergencia de Atenas, y el miedo de Esparta, lo que provocó la guerra”

Tucídides, 411 A.C, sobre las Guerras del Peloponeso.

 

A una velocidad de vértigo, se están produciendo cambios trascendentales en la geopolítica mundial, que nos afectarán mucho más allá de lo que podemos imaginar. China, un país que todavía se percibe como subdesarrollado, se está convirtiendo en la potencia dominante a un ritmo que cuesta asimilar. En pocos años, China atrapará los Estados Unidos como primera economía mundial. Antes de 2050, la economía china podría ser el doble de la americana. Entre sus planes (disciplinadamente ejecutados), China prevé convertirse en superpotencia absoluta en industria, ciencia y tecnología hacia 2030. Hoy, la UE ya ha quedado atrás respecto a China en inversión en I+D/PIB, y, en esfuerzo bruto en I+D China está a punto de atrapar a los Estados Unidos. Entre sus proyectos emblemáticos recientes, China ha anunciado que planea un súper-acelerador de partículas (Electron Positron Collider) para investigación fundamental en física, que supone la construcción de un túnel subterráneo de 100 Kms (el CERN de Suiza tiene 27 Kms). China ha sido la primera nación en aterrizar en la cara oculta de la luna. Sólo son anécdotas ante la potencia del conjunto. La velocidad de crecimiento y de decisión, y la dimensión de las iniciativas y las inversiones chinas están lejos de lo que podemos imaginar.

Por primera vez en la historia, una potencia oriental pasará, con toda probabilidad, a ejercer el liderazgo del mundo. Una potencia que proviene de otras raíces filosóficas, culturales e históricas, ajenas a las nuestras. Según el periodista británico Martin Jacques, las connotaciones del posible liderazgo global de china son difíciles de concebir. En primer lugar, porque China no es un estado-nación como los conocemos en Occidente. Es un estado-civilización, que no ha creado su ethos nacional en los últimos 200 años, como muchos de los estados-nación actuales, sino que hunde sus principios morales y sociales en la dinastía Han (hace 2.000 años). China está cohesionada por un sentido de civilización. Uno de sus valores políticos fundamentales es la unidad (explicitado en el lema «un país, dos sistemas», que se popularizó con la reunificación de Hong-Kong). Este sentimiento de unidad tiene un sustrato identitario: el sentido de pertenencia a una sola cultura (la Han), lo que les diferencia de los otros grandes países del mundo (EEUU, India, Brasil …) que gozan de una gran diversidad étnica y cultural. Por otra parte, esta cohesión se estructura y se comanda desde un estado omnipresente y unos liderazgos centralizados que hoy se han reforzado con sofisticada tecnología digital. Si en Occidente la legitimidad del estado viene dada por principios democráticos, en China, la legitimidad de la tecnocracia viene dada por su carácter vertebrador del estado y por su incontestable éxito en el progreso del país hacia la liga de superpotencias.

Hoy, China es una autocracia big data monitorizada por la inteligencia artificial. Las autoridades chinas miden automáticamente mediante tecnologías digitales (como el reconocimiento facial) los movimientos de los ciudadanos, sus conversaciones en las redes sociales, sus registros médicos, académicos y laborales, o la tipología de artículos que compran. Y con todo ello elaboran un ranking de ciudadanía que posiciona al individuo en el contexto social, y le permite (o no) acceder a determinados servicios (desde transporte hasta universidades). El progreso personal, pues, depende de un sistema de incentivos establecido top down de acuerdo con unos patrones de comportamiento surgidos de los manuales del Partido Comunista Chino.

El País del Dragón es un estado-civilización cohesionado por un ethos soft de unidad y homogeneidad, y una estructura hard de control big data. Sus sistemas de formación de líderes son selectivos y meritocráticos. En palabras de un inversor chino «con nuestro sistema político, Donald Trump no habría pasado de gobernador de barrio de ciudad de provincias». En una estricta estructura piramidal, cada líder (formado en la administración, en un sistema empresarial parapúblico, o en el ejército) debe demostrar éxitos en su gestión antes de acceder al siguiente nivel de liderazgo.

El progreso de China ha sido incuestionable, y, a pesar de los serios problemas de corrupción y contaminación, los chinos parecen confiar en este sistema tecnocrático, y recelan de la democracia liberal que, según ellos, deriva en populismo y políticas de corto plazo. Con ojos occidentales, y referentes de las viejas democracias liberales, nos cuesta entender la aceptación del ciudadano chino de los métodos de progreso social que se han creado alrededor de la férrea tecnocracia, planes quinquenales e inteligencia artificial. Pero a la luz del concepto de estado-civilización, de homogeneidad e identidad cultural, y de indudable euforia de éxito (recordemos que en 1978, cuando Deng Xiaoping comenzó la marcha en el mercado de la economía china, el 90% de la población vivía con menos de 2 dólares diarios), se entiende mejor la disciplina y aceptación china por un sistema de estructuración de la sociedad que, desde aquí, nos parece inquietante. El sistema chino está funcionando, ha extraído a mil millones de personas de la miseria, y se encamina a dominar el mundo.

Sea como sea, cuando pensábamos que nos encontrábamos al final de la historia, y que la combinación de democracia política y libertad económica era la mejor forma de estructuración económica y social, un nuevo sistema tecno-nacionalista emerge con fuerza y genera un terremoto en los equilibrios globales. La disrupción geopolítica está servida. El episodio de Huawei, cuya directora financiera ha sido detenida en Canadá y extraditada a EEUU, es sólo la punta del iceberg. EEUU teme la pérdida de la hegemonía económica, y este temor se explicita en la sospecha de que Huawei (como tantas otras empresas chinas forjadas sobre la voluntad de crear campeones nacionales) tenga conexiones directas con el estado chino. ¿Y si nuestros datos, conducidos por autopistas 5G de Huawei, son hackeados desde Beijing? Datos de control de tráfico, de sistemas bancarios, de hospitales o de defensa. ..

El politólogo estadounidense Grahan Allinson hace un paralelismo con la Grecia Clásica. Según el historiador griego Tucídides, «fue la emergencia de Atenas, y el miedo que se instaló en los espartanos, lo que hizo inevitable la guerra». En los últimos 500 años, en 16 ocasiones la potencia dominante en el mundo ha sido superada por una potencia emergente. En 12 de ellas, la tensión ha llevado a la guerra. No creo que, en este caso, el mundo caiga en la trampa de Tucídides. Pero una nueva Guerra Fría está empezando entre EEUU y China. Una guerra que se librará en el campo de la tecnología, y en la que una potencia oriental y no forjada en la tradición democrática liberal, ajena a lo que representó el Renacimiento, el Siglo de las Luces, o la Revolución Francesa, puede salir victoriosa.

Mientras un país como Alemania anuncia inversiones estatales de 3.000 M € hasta el 2025 para desarrollar la inteligencia artificial, China destina 130.000 M € en el mismo periodo. Europa empequeñece. Si el fenómeno chino sigue su ritmo de crecimiento y cohesión, tal vez llegue un día en que empresas locales empiecen a recibir agresivas propuestas de compra por parte de empresas chinas, sin importar el precio. ¿Y si el capital chino empieza a adquirir agresivamente empresas como Allianz, Volkswagen, Daimler, BMW, Alstom, Siemens…? Si Europa no encuentra su lugar en este nuevo orden, puede estar condenada a convertirse en una exótica península irrisoria en un mundo gobernado por China.

Artículo publicado inicialmente en ViaEmpresa

 

4 responses to “La trampa de Tucídides

  1. Gracias por tus informes tan bien estructurados.
    Me preocupa la debilidad de Europa que se debate en una crisis interna que no ayuda a trabajar en crear un futuro prometedor para nuestros hijos.

    Un cordial saludo

  2. Totalmente de acuerdo, Xavier.
    Nosotros estamos en China desde 2001, y esto ya lo veíamos de venir…, son más prácticos que los americanos, que ya es decir y Europa mirandoseel ombligo…

    Evidentemente tenemos culturas distintas, y ninguno va a renunciar a la suya…, pero aquí o se apuesta por una Europa fuerte o seremos meros espectadores de dicho liderazgo…

    1. Yo me radiqué en Hong Kong en el 2015 luego de 15 años en Londres Aqui es la antesala de lo que dices en tu artículo.
      Hay tres elementos que parecerían menores pero son importantes: el primero es el
      concepto de trabajo en grupo (incluso al comer y compartir); 2) su visión del mundo no sea Judeo-Cristiana sino más Budista y Confusionista; y 3) es un Capitalismo de Estado planeado por un comité que es su partido político donde piensan no solo a 25 o
      50 años sino sus estrategias son a 200 años ….

  3. Hola Xavier,

    Buenos días,
    Cuando crees que incorporaremos a Rusia y Turquía de alguna forma a la UE … hemos de ganar volumen, la salida de Inglaterra está siendo muy mal gestionando por la UE es un gran error de la UE perderlos de esta forma … no nos van a querer después ni ver … y Rusia y Turquía son países muy cercanos …

    Entiendo que para poder invertir estos importes 130.000 millones se ha de poder hacerlo, los hemos de tener estos millones así como el volúmen de población, la UE no tiene estos volúmenes de población e inversión que tiene Xina, India o USA … algo se ha de hacer.

    La UE + Rusia + Turquía + países del Mediterráneo ya es otra cosa … son culturas próximas fáciles de entendernos.

    Yo creo que sería parte de la solución … incorporar más países.

    Saludos,

    Xavier

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