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El silencio de los corderos

La tecnología 5G significa la “quinta generación” de telefonía móvil, un nuevo sistema de transmisión y distribución celular de las comunicaciones móviles con ondas de muy alta frecuencia, que generan una velocidad de transmisión de datos 100 veces superior a la actual, con una latencia (retardo) inferior a 1 ms. Esto permite transmitir datos en masa, sin apenas retardo en la transmisión. La arquitectura de redes 5G es la nueva autopista de la información, la plataforma que habilitará aplicaciones disruptivas como las smart cities, los vehículos autoconducidos, la realidad virtual inmersiva, o buena parte de los despliegues en inteligencia artificial. Durante el MWC de Barcelona, el Hospital Clínic realizó la primera intervención quirúrgica a distancia en un quirófano 5G controlado remotamente. En este tipo de aplicaciones, es evidente que la inmediatez (inexistencia de retardo) entre las operaciones y la información de quirófano y la respuesta de un cirujano remoto es absolutamente crítica.

Huawei es una de las empresas líderes en el mundo en 5G. Fundada por un ingeniero militar chino en 1987, hoy cuenta con más de 170.000 empleados, y con 21 centros de I+D desplegados por todo el mundo. Opera en 170 países y es proveedora de equipos de redes en 45 de las 50 principales operadoras telefónicas del mundo. En 2018 superó a Apple como segunda empresa fabricante de smartphones, y hoy sólo es batida por Samsung en el segmento de teléfonos móviles.

En un contexto de globalización al uso, Huawei sería sólo el enésimo competidor chino que entra en la estratosfera de la competitividad internacional en los últimos años. Pero la globalización ha mutado en unos pocos meses. La detención de la directora financiera de Huawei en Canadá, a instancias del gobierno estadounidense sólo es la punta del iceberg de la nueva guerra fría, que tendrá dos protagonistas (EEUU y China), un campo de batalla (la tecnología), y un espectador atónito (Europa). El tecnonacionalismo chino se ha revelado como un modelo de éxito que llevará al país del dragón a ejecutar la mitad de la I+D mundial en pocos años. Y no son las empresas chinas las que entran en los mercados globales: es el sistema chino en su conjunto. Son los conglomerados público-privados chinos, impulsados con disciplina asiática, planes quinquenales autocráticos, tecnocracia big data y tecnología de frontera, los que conquistan los mercados mundiales. Las viejas democracias liberales parecen frágiles ante las colosales dimensiones del dragón, su afinado aparatchik interno, y su visión geoestratégica amparada en el dominio tecnológico.

Las preguntas que surgen no son banales. Si la tecnología 5G es la plataforma de datos de sistemas críticos como el control algorítmico del tráfico de una ciudad, el flujo de información de un hospital con quirófanos distribuidos, los sistemas de toma de decisiones de un banco global, o las bases de datos de información ciudadana; y todas esas redes (o parte de ellas) están soportadas por empresas como Huawei… ¿Pueden estar esos sistemas críticos en manos del gobierno chino gracias a ocultas puertas traseras (“backdoors”) encriptadas que lleven directamente a una oscura habitación del Ejército de Liberación Chino? ¿Pueden su automóvil, su ordenador personal, sus registros médicos, sus redes sociales, o los sistemas de control de su empresa ser hackeados desde Beijing?

EEUU ha iniciado un procedimiento legislativo para impedir la compra de sistemas de Huawei por parte de agencias federales, con el fin de prevenir posibles casos de espionaje. Huawei ha llevado el asunto a los tribunales de Texas. Contramedidas comerciales contra EEUU y Canadá han sido tomadas por China. Diplomáticos americanos intentan convencer a sus aliados europeos de que bloqueen las compras de Huawei y de otros gigantes chinos como ZTE. Parece ciencia ficción, pero no me sorprenden las dudas, las respuestas (con episodios dignos de una nueva Guerra Fría), y la involución de la América de Trump, ante la agresiva colonización tecnológica china (aunque quizá hasta ahora las puertas traseras en equipos electrónicos llevaban a Washington…). Tampoco me sorprende la escalada de tensión que se está produciendo (el Ministro de Exteriores chino acaba de decir que no se comportarán como “corderos silenciosos” ante la batalla legal iniciada por EEUU). Lo que me sorprende es la ingenuidad y la parálisis europea. La falta de urgencia y liderazgo en los procesos de integración. La falta de visión estratégica continental y la debilidad del debate en Europa sobre la necesidad de dotarnos de soberanía tecnológica. China no se comportará como un conjunto de corderos silenciosos. Pero, sin iniciativa, el silencio de los corderos será finalmente la canción de cuna de los europeos.

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