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La burbuja start-up

Ayer repesqué un listado de las startups de mayor “éxito”, que había sido twitteado por Santiago Barba (@sbarbavera). Venta de artículos de segunda mano, coches compartidos, reparto a domicilio, alquiler de motos, búsqueda de empleo, viajes, ofertas de pisos, lavandería… Demasiadas empresas de servicios con un barniz de tecnificación y muy pocas o ninguna que compitan realmente en tecnología, aunque a menudo estas empresas se califiquen de “empresas tecnológicas”. Echo de menos empresas surgidas de centros de investigación punteros. ¿Dónde están las startups de microprocesadores, aeroespacio, industria 4.0, genómica avanzada o nuevos materiales? ¿Qué empleo -en cantidad y calidad- crean las jóvenes promesas de nuestra “industria tecnológica”? Honestamente, y sin ánimo de desmerecerlas, no querría que mis hijos trabajaran en muchas de ellas.

Nuevamente, estamos ante uno de los espejismos de la innovación. Las empresas de la lista son ejemplos de “innovación dorada”, de bajo riesgo y alto retorno (ver post anterior aquí) , innovación oportunística, que viene dada por la solución informacional (mediante una plataforma digital) a un problema a menudo sencillo (alquiler de algo, intercambio de algo, búsqueda de ofertas de algo), pero que difícilmente va a crear ventajas competitivas sostenibles en el largo plazo y, sobre todo, difícilmente van a crear empleo de calidad como lo podrían hacer las empresas de base industrial y con producto sofisticado propio. Es un tipo de innovación con un fuerte componente especulativo y financiero, intermediado por el capital riesgo.

Aunque nos gusta el espejismo de vivir en una “startup nation”, y aunque existen grandes ejemplos de empresas emergentes (sobre todo en algunos sectores como el biotecnológico), éste no es el camino de una verdadera “startup nation”. Los países que lo han conseguido lo han hecho con una conexión directa entre la ciencia y el emprendimiento, con sistemas de soporte público a las empresas más prometedoras tecnológicamente, porque esas empresas van a crear externalidades positivas en la economía (control de tecnologías, exportaciones, empleo de calidad). Israel, Finlandia o Corea del Sur disponen de flujos de oportunidades desde los centros de investigación fundamental hasta el mercado, propulsados por mecanismos públicos de financiación early-stage. Yozma, fondo de capital riesgo público de Israel, está en la base de las más de 100 empresas deep tech que tiene cotizando en el NASDAQ (ver lista aquí). Por favor, dedicad un minuto a ver esa lista (verdaderas empresas tecnológicas) y comparad con la nuestra. En otro entorno, Sitra, el fondo de inversión de alta tecnología de Finlandia fue quien, en su momento, hizo posible Nokia y la emergencia de clúster de telefonía móvil nórdico.

No nos hagamos trampas al solitario. Está bien que surjan empresas como las de la lista. Pero no son suficientes. Ni pueden ser la excusa para no hacer las políticas públicas deep tech e industriales necesarias para configurar una auténtica start-up nation. Nos falta mucho para ello.

(Nota: no es mi intención desmerecer las empresas de la lista, o similares. Las historias de emprendimiento que hay detrás de ellas merecen todo mi respeto y admiración. Simplemente, quiero poner de manifiesto que su existencia no es, ni mucho menos, la prueba del nueve de un sistema tecnológico competitivo)

12 responses to “La burbuja start-up

    1. Encantada de leer artículos críticos con lo que parece intocable o santificado. ¡Gracias!

      Creo que la impaciencia por monitorizar la startup como un negocio más unido al poco o nulo interés de las entidades públicas por apuestas que realmente aporten un bien común, (y no solo de algunos) hace del panorama Startup el que tiene hoy España.

  1. El gran espejismo se crea al mezclar, por parte de los medios de comunicación y, como consecuencia el gran público, el término «tecnología» (a veces, mera digitalización) con «innovación».

    En los últimos tiempos muchas palabras están perdiendo su significado original, como «innovación» y «tecnología»… quizás también estamos «innovando» en el lenguaje.

    ¡Muy buena entrada Xavier!

    1. Coincido con Aitor. Hay un buen número de empresas de base científico-tecnológica en España con estupendas cifras de inversión, negocio y (en menor medida) empleo, en algunos casos mejores que los de esa lista (a las que en efecto no hay que desmerecer en absolutio). El problema es que la prensa mezcla churras con merinas, y en ocasiones se queda solo con la app de turno o la starup que hace publicidad en medios de comunicación.

  2. Gracias Xavier, me gusta la industria porque creo que es la base para los servicios y me gustan las start-up porque son muestra de esfuerzo, de apuesta por el riesgo. Necesitamos un mundo en evolución y en ebullición

    1. El drama de la transición de tecnologías Deep Tech al emprendimiento (que también pueden ser digitales, no nos vayamos ahora a otro extremo) en Europa se llama «encuadramiento comunitario», «efecto incentivados» y otra serie de restricciones que nos hemos puesto en Europa para impedir la impureza del impulso publico-privado real. El salto de TRLs bajos a altos requiere un impulso real, no una telaraña de programas públicos de préstamos rodeados de una burocracia inadmisible.

  3. Me parece una reflexión necesaria, sobretodo en cuanto a la necesidad de no olvidar la importancia de priorizar una política industrial potente. En cuanto al tipo de empresas que citas, creo que muchas de ellas las encontraríamos en spin off de centros de investigación. Existen, quizás con menos poder de atracción mediático, pero existen, a pesar también del apoyo limitado que recibe la investigación.

  4. Hemos dejado de ser un sitio competitivo para la industria. Levantar una industria con necesidades intensivas de capital inicial en sectores industriales avanzados como aeroespacial o nuevos materiales no es viable por la enorme dificultad de captar capital. Los capitales riesgo no cumplen su función como deberían en otros sitios. Es posible que esté equivocado, pero esa es mi experiencia.

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