Sobre mí Contacto

Un blog para los apasionados de la Innovación 6.0

El hundimiento

El 10 de marzo de 2000 el índice tecnológico NASDAQ llegó a un máximo de 5.048 puntos. Acto seguido, se desplomó vertiginosamente para perder el 80% de su valor en pocas semanas. Miles de millones de dólares invertidos en proyectos de internet se desvanecieron. Fue la llamada burbuja “puntocom”. El índice no se recuperó hasta 12 años más tarde. En diciembre de 2021 alcanzó un nuevo máximo, rozando los 16.000 puntos. Pero desde entonces ha vuelto a caer un 30%. Hay señales de alarma: las empresas “tecnológicas” han despedido a más de 85.000 empleados. ¿Estamos ante una reedición de la burbuja, un hundimiento del sector tecnológico? En absoluto. En primer lugar, en aquella ocasión el fenómeno se originó por el optimismo acumulado alrededor de exóticos modelos de negocio web valorados con métricas de clicks. El mundo financiero y la comunidad emprendedora se emborracharon en una explosión cámbrica de startups dotcom sin estrategia y sin sentido. Hoy, la revolución tecnológica está consolidada y se sustenta en tecnologías profundas que afectan transversalmente al conjunto de sectores (desde la inteligencia artificial (IA) a la biología sintética, los semiconductores, la fotónica o los nuevos materiales). Todos los sectores son ya “tecnológicos”, en proporción creciente. ¿Alguien duda de que una empresa como, por ejemplo, McDonald’s no puede convertirse en una empresa tecnológica? Imaginemos las posibilidades de la IA en la gestión de datos de McDonald’s (en recomendación de producto, en generación de precios, o en optimización logística). O, ¿una entidad financiera puede ser hoy “no tecnológica”? Veremos qué pasa si Google consigue licencia bancaria, ofreciendo gestión dinámica de depósitos e inversiones, soportada con potentes algoritmos. De hecho, en el futuro sólo habrá dos tipos de empresas: las tecnológicas y las muertas. Nadie queda al margen del cambio tecnológico, la gran fuerza directora de nuestra era. Una transformación tecnológica profunda y sigilosa que va consiguiendo metas fascinantes, consideradas imposibles hasta poco antes. Esta semana han irrumpido los sorprendentes sistemas conversacionales ChatGPT, creados por OpenAI (laboratorio de investigación fundado, entre otros, por Elon Musk), abiertos vía web. Prueben ese chat en su PC. Como el genio de Aladino, todo lo que deseen les será concedido. Pídanle una redacción completa sobre el día que murió Julio César, una comparativa razonada sobre el pensamiento de dos economistas como Drucker y Schumpeter, la redacción instantánea de un contrato de compra-venta de un inmueble, o una poesía. El sistema argumenta y elabora texto original con capacidad casi indistinguible de la humana. Se anticipa una revolución en la búsqueda y procesado de la información. El propio Google está amenazado por algo sorpresivo y superior.

No, las tecnológicas no se han hundido. Están sufriendo la llamada “pendiente de desilusión” que sigue a la fase de sobreexpectativas generadas durante la pandemia (debidas al incremento de la demanda de digitalización y a los inmensos flujos económicos destinados a reactivar la economía). Esta dinámica oscilatoria se conoce bien en innovación. Tras meses de euforia, cuando algunas de esas empresas “tecnológicas” no cumple sus objetivos previstos, se genera una ola de pesimismo que arrastra al conjunto. Pero no es lo mismo elucubrar con un incierto futuro virtual en el metaverso (Meta) que disponer de fábricas y conocimiento de frontera para hacer chips a nanoescala (como TSMC). No es lo mismo especular con criptomonedas (como la quebrada FTX) que dirigir la mejor plataforma de comercio digital del mundo (Amazon). Y no es lo mismo Twitter que Tesla, pese a que las dos estén controladas por Elon Musk.

Lo que sí se está hundiendo es una concepción del management y de la economía basados en el cortoplacismo supeditado a rápidos resultados financieros. Recomiendo el estupendo libro “Jack Welch: El hombre que rompió el capitalismo”. La historia de un referente empresarial que marcó el pensamiento de management durante décadas, coincidiendo con el apogeo del proceso globalizador. Presidente de General Electric (GE) entre 1981 y 2001, Welch estableció una escuela de gestión basada en despiadadas adquisiciones, deslocalizaciones, externalizaciones, reestructuraciones y recortes. “Montaría mis empresas en balsas, y las llevaría a los puntos de menor coste”, afirmó. Una de sus prácticas más conocidas era el “rank and yank”: literalmente, “clasificar y tirar”: los empleados de GE eran evaluados anualmente, y el 10% que mostraba menor rendimiento, era sistemáticamente despedido. Welch fue apodado “Neutron Jack” por su capacidad de eliminar al personal dejando los edificios intactos (como una bomba de neutrones). Su único compromiso era con Wall Street, siguiendo a Milton Friedman, otro de los ideólogos de la época (“la única responsabilidad social de una empresa es maximizar el valor para el accionista”). Welch substituyó las inversiones en I+D por la compra de acciones en autocartera (buybacks) para elevar su valor. Sacrificó la excelencia tecnológica por la ingeniería financiera, complaciendo a Wall Street en sus resultados trimestrales. Con ello, convirtió a GE en la empresa de mayor valoración financiera del planeta. Fue nombrado “directivo del siglo” por Fortune, en 1999, y se retiró en 2001 con una fortuna estimada de más de 750 M$. Su escuela de gestión fue el West Point de creación de líderes empresariales de la época, una fábrica darwinista de halcones que se propagaron por el universo corporativo, y cuyo legado fue un sistema carcomido de precariedad y desigualdad. En EEUU, epicentro del capitalismo financiero global, se están dando cuenta de que las valoraciones de Wall Street son ondas inestables de alta frecuencia. Lo que importa para garantizar la competitividad y la prosperidad compartida es la generación de confianza entre los agentes, la creación de capacidades industriales de largo plazo y las pacientes inversiones en tecnología. De un capitalismo de accionistas (shareholders) hay que pasar a un capitalismo de comunidad (stakeholders).

(Fotografía de la película El hundimiento)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Últimos posts