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Estadísticas I+D 2019

Se han publicado las nuevas estadísticas de I+D en España, correspondientes al año 2018. Según el Instituto Nacional de Estadística, la economía española invirtió 14.946 M€ en I+D en 2018, el 1,24% del PIB.

Pese a significar un incremento bruto del 6,3% respecto al año anterior, la intensidad tecnológica de la economía española (medida en I+D/PIB) sigue muy por debajo de la media europea. Los países tecnológicamente más avanzados se sitúan en el 4,6% (Israel), 4,5% (Corea del Sur), o 3,3% (Suecia y Suiza). Dinamarca invierte el 3,1% de su PIB en I+D. Alemania el 3 %, y Francia el 2,2. La media de la UE es del 2%. Estados Unidos se encuentra en el 2,8%. China, en el 2,1%. La estrategia “Europa 2020” tenía como objetivo llegar al 3% de inversión en I+D en 2020, a fin que Europa se convirtiera en la economía más competitiva del mundo basada en conocimiento. Cabe destacar que no se puede desvincular la sostenibilidad de un futuro estado del bienestar de la construcción de una sólida economía innovadora. La I+D inteligente de hoy son las pensiones y la sanidad de mañana.

España está todavía muy lejos de cumplir esos objetivos. El máximo esfuerzo en I+D por parte de la economía española se alcanzó en 2010 (1,4% del PIB). El déficit tecnológico para alcanzar los objetivos europeos es hoy de 21.213 M€. Esta es la inversión adicional en I+D que debería realizar la economía española (a nivel público y privado) para situarse en el 3% de I+D/PIB.

¿Es mucho un déficit de inversión de 21.213 millones de euros? Para movilizarlos, bastarían 7.000 millones públicos adicionales, destinados a proyectos industriales con efecto multiplicador. Sólo 7.000 M€. Para una economía de 1,2 billones, y para unos presupuestos generales del estado de 450.000 millones eso son auténticos peanuts (cacahuetes). Parece increíble que, gobierno tras gobierno, se deniegue una inyección extraordinaria para corregir de una vez por todas ese déficit, y situarnos al nivel de Alemania en I+D. Pensemos que el rescate a la banca costó 60.000 M€. Con esa cantidad tendríamos para 10 años de esfuerzo en I+D similar al de los países más competitivos de Europa.

España tiene actualmente un nivel de inversión en I+D/PIB igual al del 2007. Mientras, Alemania sale de la crisis con un esfuerzo en I+D un 25% superior al de hace 10 años gracias a su modelo “Industria 4.0”, y China invierte hoy un 50% más en I+D que hace una década impulsada por su estrategia “Made in China 2025”. En medio de una intensa carrera tecnológica, China supera a la UE en inversión en I+D/ PIB y es ya la segunda economía del mundo en inversión bruta en I+D, tras EEUU, destacando en campos estratégicos como la inteligencia artificial o los semiconductores.

En España, las políticas de innovación no han gozado de prioridad, ni de presupuestos estables, ni de programas eficientes. Del presupuesto público de 7.003 M€ consignado en 2018, sólo se invirtieron 3.278 M€ (el 46,8%). Un presupuesto ya de por sí inferior en un 16% al de hace una década, del cual sólo se ejecuta poco menos que la mitad, posiblemente por excesiva complejidad burocrática e ineficiencia financiera de sus instrumentos.

Cabe destacar que las inversiones privadas en I+D, especialmente las de mayor complejidad y riesgo, dependen de la capacidad de las políticas públicas para incentivarlas y complementarlas. Para superar el déficit tecnológico y alcanzar la inversión en I+D requerida por la Comisión Europea, sería preciso:

  1. Establecer un Plan Nacional de I+D y Competitividad, con un presupuesto mínimo de 12.000 M€ desplegados en programas efectivos y fácilmente ejecutables, orientados a inhibir el “fallo de mercado” existente en I+D (tendencia del mercado a invertir en I+D por debajo de lo social y económicamente óptimo)
  2. Coordinar las políticas de investigación e industria, priorizando la financiación a las líneas de investigación que contribuyan a la mejora de la competitividad empresarial y a la generación de empleo de calidad; y los proyectos empresariales que se sostengan en la generación de nuevas capacidades científicas en entornos industriales.
  3. Desplegar una política de investigación industrial, destinada a construir una nueva industria del conocimiento (basada en el modelo Industria 4.0), disponiendo fondos de ayudas con efecto multiplicador para financiar proyectos de muy alto riesgo tecnológico empresarial (con el objetivo de movilizar dos euros privados por cada euro público destinado)
  4. Reforzar los centros tecnológicos, dotándolos de estabilidad financiera, masa crítica y capacidad investigadora para establecer líneas de investigación consorciada y de largo plazo con PYMEs. Especializar dichos centros en tecnologías habilitadoras (aquellas que sustentan la competitividad industrial: nuevos materiales, microelectrónica, fotónica, manufácturing avanzado, digitalización y aereospacio, entre otras)
  5. Potenciar mediante elementos de financiación específica aquellos grupos de investigación universitarios que muestren excelencia en sus procesos de transferencia tecnológica al entorno socioeconómico.
  6. Establecer circuitos financieros ágiles y de alto riesgo para cubrir las fases early stage de proyectos emprendedores deep tech, de base científica y tecnológica.
  7. Desplegar planes de adopción acelerada de tecnologías disruptivas, como la inteligencia artificial, y de transformación digital de las empresas
  8. Potenciar las políticas de clústers territoriales, acelerando sus procesos de cambio estratégico y de cambio tecnológico, mediante soporte específico a sus planes de actuación, de formación, y de inversión en I+D. Desarrollar nuevos clústers de alta tecnología alrededor de centros tecnológicos y de investigación.

 

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