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Un blog para los apasionados de la Innovación 6.0

Talento, prosperidad y crisis

Hay vida en el mundo de la tecnología. Tesla acaba de anunciar que instalará su nueva gigafactoría en Berlín (es la cuarta, tras las de Nevada, Buffalo y Shangai). En el avance hacia la producción en masa, Tesla necesita economías de escala (de ahí el tamaño de sus fábricas) y excelencia en ingeniería (de ahí su interés por Alemania). El ecosistema Industria 4.0 ideado por el gobierno alemán cosecha sus éxitos.

En paralelo, Microsoft acaba de ganar un contrato de 10.000 millones de dólares para gestionar los datos de defensa norteamericanos y desarrollar las últimas tecnologías de ciberseguridad (10.000 millones de dólares es el 60% del esfuerzo total en I+D de la economía española, canalizados en un solo contrato, a una empresa que se situará en la frontera tecnológica en este campo). Iniciativas como ésta generan capacidades excepcionales, que posteriormente se explotan en el mundo civil. Pronto, ingenieros expertos de Microsoft saldrán de la compañía y crearán sus propias start-ups. Así funciona la innovación americana, construida sobre sucesivos retos disruptivos planteados por el gobierno y ejecutados por empresas e investigadores, que desencadenan procesos de innovación, escisión y crecimiento empresarial. Esta dinámica está en la base de corporaciones como Apple, Google, IBM o Intel; y de Silicon Valley en su conjunto. Europa ha renunciado a proyectos de este nivel de ambición. Por eso no hay Googles europeos.

En estos mismos días, el líder chino, Xi Jimping ha declarado que su gobierno soportará “la investigación, desarrollo y estandarización de blockchain”. Más de 500 grandes proyectos estratégicos en blockchain han sido lanzados por la Administración China del Ciberespacio en el último año, entre ellos la propuesta del Banco de China de extender una criptomoneda que substituya la moneda física. Con ella, financiará la nueva Ruta de la Seda (un inmenso corredor de infraestructuras que conecta China con el corazón de Europa y África), y ampliará su área de influencia económica. Facebook no renuncia a poner en circulación su propia moneda, Libra. Si enviamos fotos, música y documentos a través de whatsapp, ¿por qué no intercambiar dinero? Sólo hay un problema: si los 2.500 millones de usuarios de Facebook aceptan este mecanismo, ¿podría Facebook convertirse en una especie de banco mundial, competidor de los bancos centrales de las grandes potencias? Y, si esto es así, ¿quién y cómo regularía las políticas monetarias? ¿En qué rol residual quedarían los ministros de economía? ¿Y si a continuación se suman Amazon y Google, con sus propias monedas? El escenario puede (o no) ser una pesadilla para la estabilidad financiera mundial.

Sigamos con China. Mientras Occidente lucha por el despliegue de 5G, el ministro de ciencia y tecnología chino ha anunciado la creación de dos grupos de trabajo, formados por industriales y académicos, para el desarrollo de 6G, la sexta generación de tecnología móvil. En sus planes “Made in China 2025”, este país tiene como objetivo ser líder absoluto en computación cuántica, inteligencia artificial, comunicaciones móviles, ingeniería genética y espacio. Campos que crearán disrupciones en los sectores económicos. Esta semana, 7.000 millones de dólares han sido puestos en circulación en el Fondo de Inversión en Manufactura Avanzada chino. 20.000 millones más se han inyectado en su Fondo de Inversión en Semiconductores Industriales. Un total de 85.000 millones se destinan a situar la industria china en la frontera tecnológica. Se acabó ser la fábrica de zapatos de Europa.

Los directores de tecnología, en todos los sectores, han salido del cuarto oscuro de los servidores informáticos, y se han colocado en la vanguardia de la estrategia. La tecnología condiciona y define las estrategias corporativas, y hace posible lo imposible. Quien controle la tecnología, controlará el negocio. El desarrollo tecnológico abre en canal los viejos paradigmas sociales, económicos y geopolíticos. El mundo se divide en países y bloques de first-mover nations (naciones tecnológicamente líderes), y laggards (rezagados). Los primeros, invierten estratégicamente para crear riqueza en base a su talento. Los segundos, consumen tecnología de otros, regalan sus datos y se precarizan. La riqueza de las naciones ya no depende de sus recursos naturales, sino de la capacidad institucional de hacer aflorar el talento de sus ciudadanos y de convertirlo en tecnología exportable.

Pero las sociedades modernas no saben cómo afrontar los profundos cambios derivados de la innovación disruptiva. Democracia “jokerizada” en una economía “uberizada”, según Lassalle. Tecnologías del siglo XXI con condiciones laborales del siglo XIX según Innerarity. En el mundo conectado se expande la desigualdad, en lugar de la abundancia y la prosperidad. Una ola de insatisfacción revolucionaria recorre la espina dorsal del planeta, propulsada por redes sociales que polarizan más, si cabe, a la sociedad. Seleccionamos información y contactos ideológicamente próximos en la red, reforzando compulsivamente nuestra ideología, convirtiéndonos progresivamente en extremistas. Dinámicas tribales impulsadas por apps y grupos de whatsapp. La incapacidad de abordar un nuevo pacto social completa el cuadro de decadencia en aquellos países que han quedado en tierra de nadie, rotas las viejas alianzas y sin visión para liderar el cambio tecnológico. Me han resultado insoportables los recientes debates electorales, auténticos ejercicios de miopía política, en los cuales, más allá de algunos tópicos, ha estado ausente el debate estratégico de la ciencia, la tecnología y la innovación, y su impacto decisivo en la redefinición de las sociedades de los años inmediatos.

Artículo originalmente publicado en La Vanguardia

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